Mariposas encontradas a la vuelta…

 

            Siendo ésta la última ocasión en el año que tomo el lápiz y el cuaderno, llena mucho a mi corazoncito el volver a hacer el intento de unir los mundos de José y Marina, como lo hice durante este 2025…

            Ha sido un año en el que he disfrutado mucho hacer esto, ya que nunca vi venir que mi artista mujer favorita sacara un disco que me permitiese conectarla TANTO a las canciones de José…

            En esta nueva oportunidad, en la que José cierra su 2025 con una lección sobre todo lo que puede llegar a involucrar el renacer, me toca regresar hasta Febrero, en donde Marina también abordó este tema…

            Claro está, con las particularidades que hacen únicos a ambos…

            Una vida en la que podamos encontrarnos mariposas en cada vuelta que damos…

            Creo que las tres personas que me leen y yo, más o menos tenemos conocimiento del proceso que nos permite ver nacer a las mariposas, quiero pensar y creer que sí…

            Pero en caso de que no sea así…

            Toca pensar en que, como especie humana que somos, todos atravesamos un viaje que nos lleva a convertirnos en una de ellas…

            Sobra decir que comenzamos como un huevo, en donde, después de un cierto tiempo, salimos al mundo sin ningún preámbulo de lo que será: pareciera una crueldad el hecho de que seamos lanzados a la vida sin un respaldo y/o soporte, que si bien, nuestros padres y/o cuidadores fungen ese papel como tal, el aprendizaje y las experiencias solo las procesamos nosotros mismos…

            Esas primeras lecciones van dando paso a la transformación a oruga… En la que probablemente pasamos más tiempo en este intento de comparativo…

            Pienso en la oruga como un insecto que explora, descubre, aprende y repite constantemente para poder vivir y sobrevivir en su día a día…

            Cualquier parecido no es sólo una simple coincidencia, metáfora o comparativo…

            Es la vida misma…

            Con la obvia diferencia de que las orugas si bien pueden llegar a cometer errores en su supervivencia que les pueden costar la vida y por ende, su transformación final, de no ser así, y logrando salir avantes en la continuación de la aventura que es su existencia, veo muy difícil que se y juzguen, ataquen, desprecien y todas las demás cosas que si llegamos a hacer los seres humanos…

            Muchas veces digo que no me puedo decepcionar más de la especie a la que pertenecemos y formo parte, solo para atestiguar como nos lo tomamos como reto y nos superamos para mal una y otra vez…

            Somos los peores jueces para con el prójimo y algunos de nosotros, llegamos a serlo de igual o peor forma con nuestra propia existencia…

            Todo esto, para luego actuar sorprendidos ante el hecho del porque hay tantas personas pasándola mal mental y emocionalmente hablando, como si no fuera suficiente todo lo que pasa en este planeta, se le añade el nosotros haciéndonos miserable la vida a la mínima oportunidad…

            Lo sabemos, pero nos encanta fingir demencia…

            A donde quiero llegar, pues…

            No quiero que esto sea el típico discurso emitido desde una supuesta autoridad moral que evidentemente no tengo, por ello ni siquiera me atrevo a usar el término “superioridad” …

            Mi intento de hacer un comparativo entre el transitar de las orugas, y nosotros los humanos, creo que tiene como objetivo el dejar de ser TAN duros, tanto con los demás, como con nosotros mismos…

            El miedo que tenemos al “que dirán”, al querer pertenecer, esa búsqueda constante de aprobación y validación son los que, irónicamente, si no nos detenemos a tiempo, nos terminan costando prácticamente todo…

            La trampa en la que la oruga cae, y que hace que su vida termine antes de su inevitable transformación…

            Los tropiezos, los sinsabores y los momentos dolorosos son los que, paradójicamente, y claro, siendo abordados y trabajados bajo la perspectiva más sana posible, nos brindan el mayor aprendizaje y van fortaleciendo…

            Sé que mientras los vivimos y atrevamos no los vemos así, pero hoy puedo decir que el dolor emocional es síntoma de que nos importa, de que incluso, queremos y/o amamos, en algunos (o muchos) casos, incondicionalmente…

            Con el pasar del tiempo, la oruga cuenta con los aspectos suficientes para pasar a ser crisálida, tomando un tiempo de “reposo” que da como resultado final ese que tanto esperamos observar, la belleza reflejada en la mariposa…

            Quizá en esta ocasión escribo desde la nostalgia por mis 32 años recién cumplidos, quizá sea también ver el pasar de mis años y reflexionar sobre la travesía que ha sido mi vida en la última década…

            Quizá, sólo sea que después de mucho tiempo, POR FIN estoy madurando…

            Morir. Renacer. Tratar de hacer las cosas mejor…

            Una oración que puede trasladarse perfectamente a lo que es el paso de la oruga a mariposa…

            Una oración que pudiera ser recreada también en nosotros mismos y este viaje al que llamamos vida…

            Metafóricamente hablando, hemos llegado a morir en esos momentos dolorosos, pero, bajo los cuidados/antecedentes que nos han brindado esos sentidos de protección y supervivencia previos, podemos renacer e intentarlo de nuevo, buscando siempre ser mejores…

            Un ciclo eterno de mariposas que vemos tanto a la vuelta, como en muchos más lugares…

            Para convertirnos en mariposas, partes de nosotros tuvieron que morir…

            Pero, afortunadamente, los seres humanos negociamos de diario eso de resucitar… ;)

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