El arte del kintsugi hecho persona…
Creo
que ya tiene un buen de rato que no hablo desde los recovecos de mi ser, y lo que soy y me pasa como persona
en el día a día, pero después de lo acontecido el sábado pasado en
el Estadio GNP, y la infinidad de sentimientos y emociones que han pasado por mi cabeza desde ese entonces, expresarlo se me volvió algo necesario…
En este 2026, cumplo 20 años de “ser fan”
…
Primero, como parte de una
de las bandas más importantes en la historia
del rock de este país (te parezca o no), y actualmente en su trayectoria como artista
solista, pero José ha formado parte de mi existencia en
20 de mis 32 otoños, la cantidad de tiempo me parece increíble para mí misma (y
si, ya me hace sentir vieja), pero con el pasar del mismo y el avance de su
trayectoria, una y otra vez he reconfirmado que él ha sido LA persona que llegó
a mi mundo a cambiarlo todo…
Sin hacer a un lado a mi madre, claro está,
los permisos para verlo no vienen
solos…
Cuando era niña, soñaba
con ver a esa banda muchas veces,
pero intentar vivir del dinero que mis
padres me daban en ese entonces, digamos que no era sustento suficiente para
solventar todo lo que conlleva el ir a un concierto…
Aún siento que me faltan
muchas cosas por hacer en este mundo, pero definitivamente ya he hecho paz con
esa Jeniffer (aún más) chiquita que se quedó
muchas veces con ganas de ver a SU
grupo…
Todos sabemos que la carrera
solista de José comenzó de una manera que, hoy día,
recibiría un trato mediático totalmente distinto al que se le brindó a él en
ese momento…
Contra todo y contra todos,
literalmente…
Muchas veces me pongo a pensar si realmente nosotras y nosotros seríamos
capaces de tolerar, soportar y sobrellevar tal nivel de escarnio, en mi caso,
por supuesto que la
respuesta sería no, y pienso también en el daño que le
haría eso a alguien en plena adolescencia, desarrollando su personalidad y
temperamento, sin conocimiento aún de recursos de afrontamiento ante los
momentos difíciles…
Hipócritamente, después nos estaríamos preguntando que estamos haciendo mal como sociedad y lamentándonos si hubiese decidido hacer algo que atentara contra su salud y vida…
La mayoría
de la gente dice que el leer mucho
y estar informada te brindará conocimientos y aprendizajes que
harán mucho más provechosa tu existencia…
En parte, te dicen la verdad, y en parte,
te mienten…
Los aprendizajes más significativos para mí no han venido
de los libros y la acción de la lectura, aunque sea algo que me guste mucho hacer…
Mucho menos de las noticias, que, hablando
específicamente de este país, he
de decir que el espectro informativo ha caído a niveles
deplorables, por decir una palabra amable…
Dentro del nivel educativo
en el cual trabajo, existe
un eslogan que versa
que “educamos para la vida” …
Una de las muchas
cosas que José me ha brindado a través de su ejemplo
es justo eso, educarme para lo
que REALMENTE ES la vida…
Cualquier otra persona se hubiera rendido,
hubiese reaccionado reactivamente o simplemente se hubiera desvanecido de la faz de la Tierra…
Jamás ha sido ese el caso de José…
Afrontar desde la serenidad, y transformar el mal sentir en arte se ha vuelto su especialidad…
Solía
ser una persona a la que le importaba mucho el “qué dirán” en general, buscaba
constantemente la validación externa, carecía de recursos de afrontamiento ante circunstancias
adversas, en pocas palabras, yo era una persona increíblemente inmadura…
Mi
madre ha hecho un trabajo monumental para criarme y educarme, y aunque, para
hacerme enojar a modo de broma me diga cosas sobre José, sé que ella también
esta infinitamente agradecida de ver que su presencia
ha hecho mi vida un mucho más mejor, pues, indirectamente, él también me ha
ayudado a crecer íntegramente…
Acá entre nos, ella también tuvo a su artista favorito, ella también soñó con poder verlo, ella también fue fan, pero lamentablemente, nunca tuvo la oportunidad de acudir a un concierto de ese cantante…
Hoy
sé que, aunque no le encanta la idea de verme tomar mi maleta y viajar hasta
destinos desconocidos con tal de ver a José, no me detiene
porque la hace feliz
ver como vivo lo que ella
alguna vez soñó…
En ese accionar, está el cariño
silencioso y gratitud genuina
de ella hacia
él por hacer a su hija feliz…
Como todo ser humano,
llega un momento
en que tanto cuestionamiento sin fundamento
harta…
Creo
que eso fue lo que pasó con “Noche”…
La gente te criticará
por como reaccionas, sin voltear a ver todo lo que llevo a que lo hicieras…
El chiste es tomar
toda esa rabia e ira, y transformarla en algo que te haga más llevadero el sinsabor…
Aunque a los demás no les
agrade del todo…
Creo
que nunca podré explicar en su totalidad, ni tendré palabras que manifiesten
plenamente lo liberador que fue y ha sido para mí el cómo José, con el arte de
no buscar la aprobación ajena, sino la satisfacción misma, me abrió las puertas
a aprender que la perfección es un parámetro inexistente
que solo causa miserabilidad…
Llevar toda una vida (en ese entonces) forjada
en ello, y ver la opción descrita
en el párrafo anterior como
algo más viable, claro que causó incomodad en quien y quienes me inculcaron ello como una “filosofía” …
Todavía recuerdo
ese “no veo mejorías, sino todo lo contrario”, hoy ya con risa y no con enojo, síntoma de que ya lo sané…
El concierto de la gira en donde
presentó “Noche” en Monterrey,
en el ya muy lejano Enero del 2018, fue el primero que pude
costearme sola y asistir…
Si
llevas tiempo leyéndome, sabrás que el resto es historia…
¿Qué frase escuchamos continuamente cuando comenzamos a ser adultos
productivos (que no es lo mismo que funcionales)?
“Trabajar para vivir, no vivir para trabajar” …
Trabajo para vivir,
y en los conciertos de José he encontrado ESA vida que alguna vez vislumbré de muy lejos…
Todos
aquí también saben que (aunque quizá no de igual forma) admiro a la que
considero la “versión femenina” de José,
y para esto, voy a parafrasearla
y poner en ejemplo algunas
de sus letras: Marina
Diamandis canta en el pre coro de la canción
que abre su disco más reciente que “ha sido herida por aquellos que se
suponía que debían de tratarla bien”…
En
uno de los puntos más bajos de mi vida, y después de que eso pasó, José me
brindó un momento que borró mucho dolor, tristeza, rabia y sufrimiento, al punto que quien me acompañó
y lo presenció, textualmente dijo que él le había callado la boca…
Ese concierto
en McAllen en Noviembre del 2018 tiene un lugar muy especial
en la roca que tengo por corazón…
Nuestro legado
estará cimentado en esos momentos
de gratitud y felicidad, y en mi vida,
hay muchos de ellos que me ha brindado José con su música y ejemplo…
Entre
odas a la nostalgia y canciones de tonos azules, con situaciones que aún no me
sucedían a mí en ese determinado momento,
también fui descubriendo algo que como antiguo
precepto de vida se me inculco como algo malo y signo inequívoco de debilidad…
Como me gustaría poder decirle a esa persona en formas mucho
más amables de las que
ha tenido conmigo que está equivocado,
pero que no es un pecado estarlo, que no está mal estar mal, hoy
sé que mucho del dolor que
lleva dentro podría comenzar a sanar, como lo he ido haciendo yo…
En
las canciones de José, además de crudeza y honestidad,
hay vulnerabilidad, mucha, y eso que
veía con tanto miedo, a través de su música, y
unas muchas lágrimas que he derramado porque varias de las cosas que canta
ya me sucedieron y/o las sentí (algotras no), me hicieron
ver que ser vulnerable es ser valiente…
La valentía
de José me ha hecho ser valiente
a mí también, a pesar de que en muchas ocasiones no podía con el miedo
que sentía…
En pocas palabras, he aprendido por medio de José que SE VALE ser persona, contrario al robot que en gran parte de mi antigua vida fui…
Hace casi seis años me subí por primera vez a un avión
para verlo en la CDMX en un recinto con capacidad máxima
de 8,000 personas, y en este fin de semana que pasó no dejé ir la
ironía de volver al aeropuerto de mi ciudad para verlo en su
primer concierto en un estadio, cerrando el círculo de aquel momento que
comenzó esta travesía de viajes y días felices…
Volver al 2020 es volver al año en que la raza humana fue forzada a
detenerse…
Pero, incluso cuando el mundo
paró, él no lo hizo…
Y como ya se ha vuelto costumbre en él y en su valentía
digna de un gigante, hizo del temor y terror colectivo del mundo en ese lapso, arte…
Incluso cuando él también se pudo haber sentido igual en esos momentos
desconocidos para la humanidad, siguió haciendo lo que mejor le sale…
Creo que mejor impulso
para seguirle echando ganas no puede existir…
Después de una pausa obligada
de año y medio para todos, el volver
a verlo sobre un escenario me hizo prometerme que, si estaba
en mis posibilidades el verlo tantas veces como
fuera posible, no lo dejaría pasar…
Creo, creo que hasta la fecha lo he ido
cumpliendo…
Este camino me lleva de nuevo a ese detestable 2022, ese año
que aún maldigo con todas mis fuerzas, en donde realmente sentí que el mundo se me vino encima, en donde por primera vez consideré el ya no querer
estar aquí…
Hasta la fecha solo tengo
dos tatuajes, y esos dos tattoos son del disco que, lo digo con todas sus letras, me salvó la vida…
De nueva cuenta, en uno de los peores
momentos de mi existencia, José estuvo ahí, y con sus canciones me dio la pauta para,
como sea que fuera, salir del agujero oscuro en el que caí…
Ese disco amarillo, se volvió en mi Cantar
de Gesta, el logro de no haberme
rendido cuando en otros tiempos lo hubiera hecho…
Y creo que, en
este caso, hasta mi madre sabe que
eso se lo debó a José…
La
aceptación de que, por más estudios y preparación
que tenga, sigo siendo una simple aprendiz, algo que me ha otorgado también
humildad y disposición para seguirme preparando, y mejorando en lo profesional y en lo personal…
Y que, efectivamente, al ser una experta en nada, no hace
falta que sepamos todo…
Volver a ese Auditorio Nacional, en donde 10,000 personas
le gritaban “¡SI SE PUDO!”, me ha hecho aprender también que
la paciencia es una virtud, mira que esperar del 2020 al 2022 para tu primer
concierto como artista solista en ese recinto porque se atravesó una pandemia…
Quien iba a decir que casi cuatro años después, esas tres palabras iban a retumbar en un
estadio con 65,000 personas viendo
a “un cabrón con una guitarra”, como él mismo dijo…
Coleccionando sold-outs (y recorriendo kilómetros en mi caso) en recintos
como la Arena Monterrey, la Arena CDMX, también
cuando tocas a dos horas
de casa (la piedra que cargó
por corazón brilla en cada ocasión que eso sucede), en los conciertos de José he encontrado el mundo de aventuras y descubrimiento que se me negó en muchas
ocasiones por los incontables intentos de mantener una imagen intachable, recta
y perfecta…
Sobra decir que la existencia humana dista mucho de ser así…
Marina también canta sobre “los años de adolescente que nunca vivió”,
bueno, sobra decir que esos años los he ido recuperando en los
conciertos de José…
Una cosa más que agradecerle…
Profesionalmente hablando, hace unos días volví
a escuchar que yo
soy muy dedicada y perseverante para hacer mis cosas, y créanme que por
dentro mi pensamiento cada vez que me dicen eso es: “si supieran por qué, o más
bien, por quién” …
Tengo
el ejemplo de esas dos virtudes
en mi día a día, ¿si él lo hace y
puede, por que no
podría yo?
En un
mundo en el que comúnmente vemos que las personas que hacen las cosas con dolo,
alevosía, y usando la palabra correcta, maldad, les va incluso mejor que a
muchas y muchos de nosotros,
el ver a José triunfar
y callar bocas
a base de, como coloquialmente se diría, echarle
chingazos, con disciplina y perseverancia, es una bocanada de aire puro, de
que, aun cuando pueda llegar
a tardar mucho bajo nuestros
parámetros y umbrales de paciencia, cuando las cosas se hacen desde el
amor, la pasión y el esfuerzo continuo, lo que buscamos, llega…
Y ahí deje ir (deliberadamente porque ES un tema
aparte) un adjetivo y una virtud más, la que es el pilar de la carrera, y me atrevo a decir, de la vida de José…
Esa palabra que ya es inevitable que se nos venga a la mente cuando hablamos de él…
RESILIENCIA…
Como leí en
estos días posteriores al concierto, en los diccionarios para ejemplificar ese conjunto de once
letras debería de venir una foto de José…
En mi perspectiva personal: José, resiliencia y kintsugi son el trío (irónico sabiendo
lo que significa, implica y llevo escribiendo durante estos días)
perfecto…
Sin su imagen (mal ahí, Google), el buscador me dice que la resiliencia es la “capacidad humana para asumir con flexibilidad situaciones límite, sobreponerse a ellas y, a menudo, salir fortalecido” …
Mal me vería yo en no llamarlo el MAESTRO
de este arte…
Llevar toda una vida acostumbrada a reaccionar visceralmente, a responder desde el enojo y quizá en ocasiones, el rencor, el ver la mayoría de las cosas como una ofensa y no como, en la mayoría de las veces, lo que las personas tienen en su arsenal de armas para ofrecer…
Él, una y otra vez me ha demostrado y demuestra que existe
otra forma, una que me hace
más ligera la carga, incluso cuando más cansada estaba de llevar una maleta con
piedras que no eran mías en su totalidad…
Responder desde la serenidad, o simplemente, no responder, porque la mayoría de las palabras y/o hechos peyorativos son y dicen más de las personas que los realizan que dé a quienes están dirigidos…
Una década completa
construida en un espectro de fortaleza mental
que cada vez admiro
más, en la que aún incluso, hablo desde la ignorancia, pues a pesar de ver a
una figura pública que reacciona con templanza, o simplemente, no reacciona, difícilmente sabré como se siente la persona, y cuánto le puede llegar a doler…
“Hija, tu andas
haciendo corajes y él como si nada…”
Créeme que yo también quisiese esa tranquilidad tipo zen, mamá…
10
años en los que una y otra vez he aprendido que incluso, teniendo cimientos
construidos, se vale volver a comenzar, todo con el fin de buscar lo que
realmente nos brinde satisfacción personal, y más que felicidad, ese estado
utópico al que todos aspiramos, nunca llegamos y, por ende, terminamos frustrados, logremos estar en paz más que con los demás, con nosotros mismos…
Quizá la lección más importante que le he aprendido a José sea esa, buscar
mi paz sin sentirme culpable y/o mal por intentarlo todas las veces
que sean necesarias…
Perdonarme cada vez que me equivoco, sabiendo que en esas veces que la he regado, jamás ha habido una mala
intención de por medio y llegue a actuar con los recursos que tenía en esos
momentos…
Reconocer que tengo cosas
que decir, y dejar de sentir
miedo al expresarlas…
Lucir con orgullo
y dignidad las cicatrices emocionales que la vida nos va dejando, tal como en el arte que es el kintsugi…
10 años de trabajar
incansablemente, de no rendirse, de siempre llevar por delante
los principios e ideales que dieron cauce a su carrera solista, se vieron
reflejados el sábado pasado…
“Hija, a la única persona a la que le tienes
que demostrar algo es a ti misma,
no a los demás” …
Ya lo entendí, mamá, y si, te escucho en mi cabeza: me lo tuvo que venir a demostrar otra persona para que lo captara, pero no cualquier persona...
Lo entendí
mientras se me salían las lágrimas al verlo mientras
levantamos las manos junto a él en “1980” …
Lo entendí
mientras lo escuchaba y veía cantar dos de las canciones que quizá, fueron
las que lo motivaron a iniciar su camino en el mundo de la música…
Si caemos,
nos levantamos, si morimos (metafóricamente hablando, obviamente),
resucitamos, y buscamos hacer las cosas de
una mejor manera…
Mientras él canta que no le harán documentales, cuando en la mente de muchísimas personas hay películas enteras sobre el cómo con su música ha salvado vidas…
Mientras dice que no es ese alguien tan importante aún después de llenar un estadio de 65,000 personas…
Renacer de las cenizas, y levantarte aún más fuerte, esa es, por mucho, la moraleja que nos dejó José este sábado…
Presenciar
un momento histórico en el que, me atrevo a decir, vimos el inicio de lo que
será su paso a ser una leyenda y
figura icónica de la música
rock de este país, guste o no guste…
Y aun cuando dominó
ese escenario, le fue inevitable sentir y hacer ver esa ansia en una
que otra canción…
Seres
humanos, al fin y al cabo…
Tomar tus miedos,
y aún con ellos, intentarlo…
Eso también ha sido esta década…
En sus postulados teóricos, Lev Vygostky menciona una frase que es para mí, un pequeño gran resumen de lo que he redactado aquí…
“A través de los demás, nos convertimos en nosotros mismos” …
A través del ejemplo de José, me he encontrado a mí misma, y
he ido construyendo una
versión de mi persona con la que cada vez me siento mejor…
Y sé muy bien que no soy
la única que se
siente así…
En su disco más reciente, Marina
Diamandis habla de una “Princesa del Poder”, cuyo superpoder (valga la redundancia) es
el amor…
Tomando ese concepto, el sábado vi erigirse al Príncipe del Poder, siendo
su cualidad la resiliencia…
Misma que ha dado como resultado que su legado tenga valor,
que ha hecho del mundo de muchos
(incluyendo el mío) un lugar mejor,
que todos los días está al pendiente
de aprender lecciones…
En el caso de José, el oro jamás ha perdido, y creo que no perderá su valor, por el contrario, cada vez es y será más grande…
Ese oro, que son sus canciones, seguirán siendo nuestra
compañía constante en el andar por este mundo…
Como los cantares
de gesta que son ya en su
carrera…
Creo que cualquier cosa que diga está de más, solo me atrevo
a añadir lo siguiente…
Gracias por ser, por estar, por tanto y por todo…
¡Felicidades, enhorabuena, lo lograste!
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