Parafraseando a José, a Cerati y al dolor…

             Con el respeto que me merece el maestro Cerati, que tiene razón, poder decir adiós es crecer…

Pero José explica en doce minutos TODO lo que implica y el camino que es el poder llegar a esa frase…

Y ahora entiendo a que se refiere cuando habla del cómo una historia puede ser contada bajo distintas vertientes…

No sé si alguna vez llegué a escribir sobre los procesos de duelo, y mientras redacto este párrafo ya recordé que si, pero estoy segura que en ese entonces, lo hice desde el enojo, con muchísima rabia y, siendo honesta conmigo misma, con ligeros deseos de revancha/venganza/karma…

No me siento orgullosa de la persona que era hace dos años, pero si algo pudiera decir en su defensa, es que pasó por demasiado en muy poco tiempo, haciendo lo que podía con lo que tenía, y siendo severamente juzgada por su reacción cuando ya no pudo más aunque intentó pedir ayuda…

Hoy, me siento de nuevo a escribir sobre procesos de duelo, pero con un sentimiento totalmente distinto al del 2022…

Separarse de la especie por algo superior no es soberbia, es amor, diría también Gustavo…

Cortar vínculos, terminar relaciones, dejar un lazo afectivo atrás en la mayoría de las ocasiones se malinterpreta como un acto de superioridad por parte de quien toma la decisión de caminar en un rumbo distinto en el que alguien nos acompañaba…

Y nada más distante de la realidad…

Muchas veces es super y sobrevivencia (recuerden que vivimos en un país con índices alarmantes de violencia feminicida), muchas otras, es simple y llanamente que, por más esfuerzos que ya hemos hecho, no hay nada más que el miedo a no estar solos en esta vida…

Pero eso no quiere decir que no duela…

Hace unos días leí un tuit (me niego a llamarle X a esa red social) sobre una persona que relataba el sufrir de la muerte de un amigo, y que, para tratar de aminorar ese dolor, había pedido a una especie de IA que recreara la voz de esa amistad para entablar una conversación más…

Me preocupa, y MUCHO, que las TIC’s nos empiecen a llevar a un punto de no retorno en la experimentación de emociones básicas humanas…

Sobra decir que a nadie nos gusta experimentar tristeza y dolor, pero ¿cuándo hemos logrado aprendizaje y madurez sólo con experiencias positivas?

A nadie le agrada sentir dolor (por más que José lo haya escrito y cantado alguna vez), y aunque, técnicamente se puede hablar de un sector poblacional que experimenta placer ya sea provocándolo o siendo receptor del mismo, cae en un tema aparte que no se está tratando en este momento…

Pero el dolor que causa el terminar cualquier tipo de relación, y el despedirnos para no volver a saber de alguien, por más pesadumbre que pueda llegar a causar, por más sentimientos de tristeza (siempre y cuando estos no alteren la vida de la persona a un punto preocupante y que de paso a la búsqueda de ayuda profesional por los riesgos que pueden llegar a implicarse), con el pasar del tiempo, con las redes de apoyo necesarias, se vuelve aprendizaje…

El tiempo es la mejor medicina, pero también es la más dolorosa…

Cuando vemos una cortada y/o herida física, al principio nos impacta su aspecto, el grado de daño que pudo haber causado en  nuestro cuerpo…

Pero, prácticamente de inmediato, buscamos, primero, dar las atenciones que se requieren para evitar que se infecte, ponemos alguna forma de protección, y con el pasar de los días, aunado a los cuidados y supervisión que se le da, esa herida va convirtiéndose en cicatriz, se queda como evidencia del mal momento que pasamos, pero también nos deja el nuevo saber sobre lo que podemos llegar a hacer para evitar una nueva herida…

Más o menos, lo mismo viene pasando con las heridas emocionales…

Humanamente hablando, el dolor es inevitable, pero es ese mismo sentir, lo que, canalizado y trabajado correctamente, nos lleva a resignificarlo, a volverlo una fuente de aprendizaje para que, una vez dejado atrás, y la vida nos vaya otorgando nuevas aventuras y recorridos, nos sintamos con las herramientas suficientes para intentarlo una vez más, pero con mejores cualidades y aspectos a ofrecer…

Poder decir adiós es crecer, y muchas veces en nuestra existencia, las despedidas serán inevitables…

Lo importante aquí es permitirnos vivir el dolor que conllevan esos adioses, respetando nuestros tiempos y las formas en como los vamos trabajando y transformando en algo que alivie el malestar…

Aunque eso sí, nunca está de más poner canciones tristes para sentirnos mejor… ;)


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