Becky, Yesenia, Bárbara, María y todas: la digna rabia y el camino al sanar por medio de ella...
Quería comenzar a escribir esto como “profesionista”, pero antes de ello, soy mujer e hija en un país en donde 10 a 12 mujeres son asesinadas diariamente, y, de acuerdo a la ENDIREH del 2021, 70.1 % de las mujeres de 15 años y más ha experimentado, al menos, una situación de violencia a lo largo de la vida…
Decido escribir a la primera persona en mi lista de seres humanos favoritos (creo que José puede entender que el #1 no sea él) como lo que soy antes que cualquier título académico de por medio…
Mamá, hace casi 10 años que la vida te y nos cambió…
Casi 10 años en los que, a punta de golpes, he ido aprendiendo sobre lo que es realmente la vida (mata, que te puedo decir), y en los que, he ido entendiendo (o al menos, juro que siempre lo intento dentro de mis posibilidades) tu dolor, y tu camino para ir sanando en él…
Estoy segura de que no soy ni seré la mejor hija (ni cerca), pero la vida no pudo darme mejor madre…
No voy a decir que era demasiado pequeña porque no lo era, pero si era demasiado inmadura y egoísta, lo único que había en mi mente era que mi familia ya no existía…
Te vi que llorabas por él, diría Cerati, y no veía nada más que “mi dolor”...
Perdón, mamá…
Han tenido que transcurrir muchos años para entender que, incluso en el momento más doloroso de tu vida, pusiste por encima el bienestar de mi hermano y el mío antes que el tuyo…
Me has dado la libertad con la que muchas veces soñé, y vi coartada deliberadamente, me has acompañado en la construcción de mi vida y mis metas, me has dado lo que hace ayeres eran cosas que veía muy lejanas e incluso, inalcanzables…
Y lo has hecho, con el dolor con el que has aprendido a vivir…
Has tenido que soportar insultos, calumnias, humillaciones y desprecios, y lo haces con gracia y dignidad, sin caer en los niveles que has y hemos atestiguado, dando cátedra de gracia y dignidad, mismas que te admiro y a las que aspiro llegar…
Movería cielo, mar y tierra porque al menos, UNA SOLA VEZ, entendieran TU parte de la historia…
Porque entendieran lo que te duele, porque validaran la rabia y el enojo que has ido trabajando a tus formas y a tus tiempos…
Esa digna rabia que te ha caracterizado desde 2014…
Callarnos dejó de ser opción desde hace mucho…
Mamá, nunca más la comodidad de nuestros silencios…
Escucho una de las nuevas canciones de José (o como mejor lo conoces: el mono ese), y escuchar la voz de la señora Becky vuelve inevitable el pensar en ti…
No nos tocó el mejor país para vivir, y eso lo hemos ido comprobando desde Julio del 2014…
Pareciera que no tenemos permitido el enojo, la rabia y el dolor que emana de ella…
Nuestras catarsis no son ni serán medios de entretenimiento y/o burla, pero por desgracia, hemos tenido que sobrellevarlas, y peor aún, sabiendo que buena parte de las mismas han venido en su mayoría, de mujeres…
Pero es ahí donde hemos conocido todo lo que implica una auténtica empatía: nosotras hemos vivido tristezas y dolores que no le deseamos a nadie, ni siquiera a quienes nos han cuestionado, invalidado y minimizado…
La voz de la señora Becky me hace pensar también en ESE discurso de Yesenia Zamudio… En el dolor no hay docilidad, mamá, pero hoy sabemos que en él, hay fortaleza, que en la rabia existe valentía, para romper el círculo que te tocó vivir a ti, y que junto a mi, has ido caminando para que tu historia no se repitiera…
Mamá, todos los días pienso en como has ido logrando que lo que pasaste, no sea lo que te defina…
Me has ido demostrando que aún dentro del dolor (que a veces va y viene) hay vida, y que esa vida si puede ser mejor…
En lo más profundo del invierno, hemos descubierto invencibles veranos…
Sé que vendrás a verme para darme las buenas noches, y preguntarás por qué estoy llorando, también sé que cuando te diga que es por una canción de José, te me quedarás viendo extrañada, muy probablemente pensando “otra vez ese mono”...
Pero aún así (y aunque no me lo digas solo para hacerme enojar/reír), sé que sigues agradeciendo que durante estos años que hemos caminado juntas, siempre ha existido un lugar seguro además de ti: las canciones de José…
Mientras escucho, veo en ti a la señora Becky, a la señora Yesenia, a todas esas madres que han sufrido el máximo dolor que se puede experimentar en esta vida (mismo que al día de hoy, sigo sin poder comprender en su totalidad dado que no soy madre), pero soy hija, y puedo pensar también en Bárbara, la amiga que hice en mi viaje a Houston el año pasado y aunque no soy quien para hablar por ella, sé que todos los días son una lucha constante para aprender a vivir sin la persona que más amamos, esa conexión inquebrantable, y que como si no fuera suficiente, tener que hacerlo con el castigo y cuestionamiento del cómo se lleva…
Quiero creer que algún día se nos dejará de exigir la pasividad como la única vía para solucionar, que se nos dejará de pedir una sonrisa 24/7 cuando no nos sentimos con ánimos de, que nuestros enojos y molestias (con la única excepción de que no vulneren deliberadamente al otro) podrán ser expresadas sin críticas a las formas de manifestarnos…
También quiero creer, y pido todos los días porque no sea así, que nunca pases por el dolor que han pasado la señora Becky, la señora Yesenia y Bárbara, y muchas mujeres más…
Solo me queda cuidarme, porque en este país, pocos seres humanos son capaces de cuidar y proteger, como lo haces tú…
Te quiero infinitamente, eres milagro y yo un diluvio…
Brillas y brillarás eternamente…
REFERENCIAS:
José Madero, Lasso - Rey Ahogado
José Madero - Luciérnaga (Visualizer)
"Me mataron a mi hija, no hagan un maldito circo"
https://www.inegi.org.mx/contenidos/saladeprensa/boletines/2022/endireh/Endireh2021_Nal.pdf
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