El (no tan) mágico mundo de la disociación…
Al
buscar en Google la palabra “disociación”, me pone como primer resultado lo
siguiente, y cito: “un mecanismo adaptativo que “desconecta” nuestra mente de
la realidad cuando nos encontramos ante una situación límite que sobrepasa
nuestros recursos psicológicos de afrontamiento” …
Si, sé que estoy haciendo MUY mal
tomando a Google como mi primera referencia, pero siento que estaría haciendo
peor si trajera a ustedes terminologías tomadas del DSM-V, que ven al ser
humano principalmente, como un recipiente y receptor de fármacos…
OJO, no estoy negando la importancia
del Manual, pero al día de hoy, continúo siendo creyente y partidaria de que
somos seres biopsicosociales, y que los contextos influyen directamente en
emociones y conductas…
Mecanismo adaptativo que
desconecta... Oh la ironía de esas cuatro palabras…
No quiero ni deseo estar en este
lugar ni me siento cómodo/a en estos momentos, pero TENGO que hacerlo… ¿Cómo
hacerlo?
Dejando de lado lo complejo y
delicado que puede resultar un trastorno de identidad disociativo
diagnosticado, y sus consecuencias en quien llega a padecerlo, me tomo el
atrevimiento (quizá demasiado) de tocar el tema aterrizándolo en el cómo se
llega a vivir día a día como personas dentro de contextos cada vez más sobre
estimulantes y poco agradables…
Situaciones límite que sobrepasan
nuestros recursos psicológicos de afrontamiento…
Suprimir recuerdos… Escapar de la realidad…
Tras cualquier experiencia y/o
evento que ha causado dolor y malestar emocional, comúnmente escuchamos y
leemos que realizar alguna actividad, pasatiempo o cualquier cosa que nos
genere algo de alegría dentro del mal sentir se vuelve una vía para “salir del
mundo real” …
Pero, ¿cómo lograr mantenernos
medianamente enteros y aterrizados, cuando diariamente nos enfrentamos a una
existencia cada vez más feroz, misma que, de una forma u otra, trastoca
nuestras psiques?
Creo que hemos llegado a un punto
(ojalá y no sea de no retorno) en el que “ambos mundos” se tocan e interactúan,
nuestro existir diario se corrompe y contamina, y toda esa “suciedad”,
inconscientemente nos acompaña aún y cuando buscamos tranquilidad/felicidad por
medio de actividades de recreación, o simple descanso…
Llegamos a caer a fondos que nos
hacen desear y en ocasiones, muy tímidamente pedir ayuda… Pero, siendo
conscientes de que, quizá lo mejor sea no recibirla, dado que sabemos lo que
cargamos en nuestras espaldas…
Huye de mí, hazte ese favor, pues me
he convertido en nada…
Entre las luces y sombras que somos,
el equilibrio de ambas es probablemente la tarea (y pelea) más compleja que
tenemos en esto que por más disparatado que se vea a veces, se sigue llamando
vida…
Buscamos siempre la mejora integral, pero no nos sentimos merecedoras/es de cosas y/o situaciones buenas…
Mencionamos constantemente que
deseamos dejar una pequeña huella positiva en este planeta por el miedo
constante a la nada, pero comúnmente, menospreciamos al punto de la nada
nuestras capacidades y virtudes…
Deseamos externar opiniones con
conocimiento de causa y con seguridad de las mismas, pero preferimos callar (a
nuestro pesar) por temor de picar crestas…
Son tantas las contradicciones que
aparecen en nuestro día a día que, en cierta medida, las únicas vías de escape
son aquellas conductas de riesgo/adicciones que, mal manejadas, nos pierden
todavía más dentro de esa dualidad que por momentos, se vislumbra inalcanzable
en su identificación y labor diaria…
Hasta yo misma siento que ya perdí
el rumbo principal de lo que buscaba redactar, pero creo que esa es la trampa
en la que José buscaba que cayéramos…
Mañana, y en los próximos días,
trataré de seguir buscando (y espero encontrar) respuestas… ;)
Referencias:
- https://www.youtube.com/watch?v=7U_4poJhmaQ
- https://www.youtube.com/watch?v=d34qL6AWbNo
Comentarios
Publicar un comentario