No entiendes, porque no eres yo...
Si, difícilmente llegaremos a experimentar todo lo que implica la vida de una figura pública…
Pero,
podemos hacer el intento de aterrizar esto a nuestra (más) simple y terrenal
existencia…
Pareciera
repetitivo y cansado el insistir sobre el cómo, cuando estamos pasando por un
episodio depresivo, o momentos/días de profunda tristeza, TODO se ve en
negro...
Puede
entenderse que para algunas personas la descripción de estas situaciones suenan
radicales y extremas, pero realmente, cuesta trabajo hasta respirar...
Levantarse de la cama implica un reto, hacer la rutina diaria conlleva una
constante de pretender que “todo va bien” cuando la realidad es que nuestra
mente nos dice que nada va así...
Los
momentos en compañía se tornan difíciles por ciertos factores que considero
clave: ves a tus seres queridos y a quienes te rodean, los observas plenos,
tranquilos, en puntos altos de sus vidas y sientes que llegas a ser “la nube
negra” que baja sus ánimos, en donde lo último que deseas es “empañar” esos
claros en los que se encuentran, en donde quizá puedas escuchar los “estoy
contigo para lo que necesites”, pero, no quieres importunar...
En
donde, si lo haces, sientes que desgastas a los otros/as con los problemas que
cargas contigo y el cómo te hacen sentir, por lo que, en la mayoría de las
ocasiones, se prefiere el silencio, aunque, desafortunadamente, el silencio se
malentienda en ambos canales de comunicación...
Lo
cual lleva a preferir en muchas ocasiones el intentar curarnos en silencio,
aunque, paradójicamente, sepamos que nuestros pensamientos, sentimientos y
emociones se vuelven nuestros enemigos más grandes cuando los momentos y los
días están lejos de ser óptimos...
La
vorágine de todo lo que somos como personas, en lo personal, en lo profesional
y en lo social, simplemente se vuelve demasiado para seguir en el día a día...
En
un intento de apoyo por parte de quienes nos rodean, podemos llegar a escuchar
frases como “lo que necesites, estoy para ti”, “puedes contar conmigo”, “puedo
entender lo que estas pasando porque yo también me he llegado a sentir muy
triste/deprimido/a...”...
Sé
que se hace desde las mejores intenciones, y también sé que nos hemos educado
para respuestas protocolarias amables, pero vacías, pero quizá, va siendo
tiempo de que demos una respuesta que a primera instancia suena grosera y
fácilmente terminaría alejando a quien se acerque, pero es una respuesta
honesta a pesar de ello...
No
por algo Fobia la utiliza como gancho en el coro de una de sus canciones...
No
entiendes, porque no eres yo...
Estoy
consciente de que he redactado hasta el cansancio sobre el cómo todos los
procesos de duelo son particulares en sucesos, tiempos, formas y procesos de
sanación...
Pero
pocas veces nos damos la oportunidad de hablar abiertamente del cómo, por más
que lo intentemos, NUNCA seremos capaces de entender al 100% los momentos
bajos, las tristezas, los episodios depresivos y los procesos de duelo de cada
uno de nosotros/as...
El
entender que no entendemos no debería de ser motivo de diferencias
significativas y quiebres en relaciones interpersonales, sino una vía de
encuentro...
Lo
anterior tocó aprenderlo a “la mala”, desafortunadamente en mi caso...
Pero
bien dicen por ahí, que echando a perder se aprende...
Las
diferencias en nuestros procesos y caminos hacia lugares más tranquilos, más
que ser usados como formas de comparación y/o competencia, son los medios que
nos otorgan y nos forman con las peculiaridades que nos hacen únicos, que
forman parte de nuestra esencia, de lo que somos íntegramente...
En
muchas ocasiones, más que escuchar palabras de aliento, se llega a apreciar y
valorar más a quien acompaña en silencio...
Y
no porque rechace categóricamente lo primero, sino, porque los momentos de
mayor aprendizaje, reflexión y resiliencia, nacen del segundo...
Si,
la vida es sólo un rato, y aunque es inevitable que existan días, semanas o
meses en que sintamos que todo está fuera de control, las redes de apoyo de
todo ser humano se vuelven fundamentales para poco a poco, y en los tiempos de
cada uno, volver a transitar por aguas mucho más tranquilas...
Retomar
el control de nuestras vidas en medio de una tormenta (de un diluvio, para
quienes estamos familiarizados con las canciones de José) es una tarea titánica
en la que muchas veces (para no decir la mayoría) necesitaremos apoyo, en el
que es casi seguro que existirán diferencias en nuestras perspectivas para
observar las cosas y las situaciones que nos rodean, queda como tarea y
aprendizaje constante el hacer de las diferencias, una vía para crear diálogos
que lleven a lugares comunes y mejores...
Que
no sea necesario un momento de sueño para estar a salvo, sino, poder sentirnos
seguros en el día a día...
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