El favor de la soledad...
Como
seres sociales que somos, resulta lógico y hasta común el sentirnos
atemorizados al escuchar la palabra “soledad”, dadas todas las implicaciones
negativas que le hemos dado y construido a lo largo de los tiempos…
La imposición social del “no puedes
estar solo/a en ningún momento” nos va llevando a “construir” relaciones
interpersonales bajo bases y parámetros sumamente superficiales…
Tengo que decir que no es culpa al
100% del ser humano… Las TIC’s nos han hecho un daño irreversible, cada día es
más común y nos parece más normal el observar a las personas dando prioridad a
aparatos electrónicos sobre relaciones humanas reales…
Podemos estar rodeados de gente,
pero irónicamente, no hay nadie alrededor…
Todo lo que es el mundo hoy día nos
dicta que la soledad es mala y es lo que debemos evitar a costa de lo que sea
en esta vida, sin embargo, creo que dentro de la tan temida soledad, existen
los beneficios y ventajas…
Es cierto que el formar parte de
grupos sociales como parte de nuestro día a día nos da la oportunidad de
descubrir y forjar aspectos propios de personalidad, carácter y temperamento…
Pero, como bien dice un sabio
pensador, el formar parte TANTO de una y varias masas, nos va diluyendo y
perdiendo en nuestra individualidad…
Los tiempos modernos nos han
orillado a no saber/soportar el estar solos/as, cuando es justo en esos
momentos donde pueden venir los mayores aprendizajes sobre uno/a mismo/a…
El reto de estar con uno/a para
poder saber cómo queremos estar con el/la otro/a…
¿Por qué nos genera tanto miedo?
¿Por qué buscamos evitarlo por y bajo todos los medios posibles?
En algún momento llegué a redactar y
rebotar ideas con el colega Alan Vera - psicoterapeuta cognitivo conductual
recién certificado -, sobre el cómo, en los años recientes se nos ha ido
recalcando el que para ser considerado/a “una persona de bien”, lo más
conveniente es priorizar lo colectivo sobre lo individual…
Busca estar para los demás, acompaña
a los demás, piensa en los demás… Palabras más, palabras menos: deja tu vida
para dedicarla para y por los demás…
¿Tú? Tú quedas en segundo plano…
Y es ahí en donde, ante alguna
situación emocional que nos lleva al límite de nuestras capacidades nos cobra
una muy amarga factura…
Te dedicas tanto a los demás y a los
otros/as, que quedas desdibujado/a a nada, te pierdes a ti mismo/a, y no sabes qué
hacer ni por donde comenzar para volver a ser, para volver a priorizar tu
individualidad como persona…
La sociedad, las multitudes y las
masas ven el elegir el bienestar de uno/a mismo/a como un acto cruel, de
profundo egoísmo e incluso, en un pésimo uso de terminologías, de “narcisismo”…
Cuando en realidad, para poder
establecer relaciones interpersonales sanas y productivas, es primordial y
prioritario el comenzar por ponernos SIEMPRE y en todo momento en primer lugar…
Claro está, que este principio no
aplica cuando perjudicas de forma deliberada a terceras personas…
Fuera de esta excepción a la regla,
el dar espacio a quién, cómo y lo que somos individualmente hablando es el
primer paso para un ejercicio profundo de autoconocimiento, de razonamiento y
de, lo más importante y lo que tanto escuchamos pero tan, TAN poco ponernos en práctica:
amor propio y autocompasión…
Lo hacemos tanto para los/las
otros/as, que lo más justo, lo mínimo indispensable, es comenzar por sí mismo/a…
El estar para uno/a mismo/a y
priorizarnos es también un constante confrontamiento ante lo que somos hoy día,
y lo que buscamos ser a mediano y largo plazo… Es darnos cuenta de lo que ya no
comulga con nosotros/as, y lo que va congeniando más con nuestros gustos,
aficiones y pasiones…
Somos seres en constante cambio, y
como tal, antes de ir por la vida y ante la gente intentando descubrir esos
constantes vaivenes que el día a día nos ofrece, es importante, e incluso,
básico, el darnos esos espacios, tiempos y momentos por y para nosotros/as,
para conocernos, para construirnos y reconstruirnos, para, a partir de lo que
vamos formando, dar y abrir paso a ese ser social que somos por naturaleza y
necesidad…
Aunque, es inevitable que una parte
de nosotros/as permanezca siempre intacta, tanto en su esencia, como en
momentos, situaciones y personas que han significado, significan y significarán
mucho en nuestras vidas…
Algo que he ido aprendiendo con el
paso del tiempo, y con las canciones de José como mi soundtrack… ;)
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