Canciones tristes para se(r)ntirnos mejor… (y celebrar las 42 vueltas al Sol de su autor 💛)


            Lev Semiónovich Vygotsky fue un psicólogo y epistemólogo ruso que propuso bases teóricas y prácticas de la que me atrevería a llamar (más no lo hago al 100% porque experta en nada, solo una simple aprendiz) mi “área de especialidad”: la Psicología Educativa…

            Hablar de Educación dentro de la Psicología, es escuchar como primera referencia a autores como Piaget y sus estadios del desarrollo que si bien, son los más conocidos, no abarcan explícitamente más allá de la adolescencia, es conocer a Erik Erikson y su teoría que a diferencia de Don Jean, si ahonda en la totalidad de nuestra existencia y me da pautas para unir discretamente (o al menos, hacer el intento) con Lev y su trabajo, del cual no existe mucha evidencia documental concreta porque desde esos tiempos, la cultura occidental en la que vivimos y los autores rusos/soviéticos simple y sencillamente no se llevan bien…

            En la segunda mitad del 2013 escuché por primera vez sobre el trabajo de Vygostky, y hasta el día de hoy, insisto y cada vez me convenzo más en que sus postulados educativos van más allá del aula y son una constante lección de vida por los siguientes motivos…

            Lev afirmó que la cultura, las instituciones sociales (familia, redes de apoyo, comunidades, entre otras) y las costumbres que vamos adquiriendo a lo largo de la vida son factores en nuestro desarrollo… Aprendemos desde nuestro núcleo familiar, aprendemos de quienes nos rodean y de lo que observamos y experimentamos día con día…

            Nuestra existencia es un constante ejercicio de aprendizaje, y como los seres biopsicosociales que somos, mi necesidad de pasar la clase, y mi incipiente curiosidad por conocer más del mundo, me hizo llegar a una de mis citas favoritas de Vygostky…

            A través de otros, nos convertimos en nosotros mismos…”

            Frase con la que quiero dejar en segundo plano esta mini-clase de Psicología Educativa y adentrarme un poco más a la razón por la que (y quien) redacto/escribo hoy…

            Son contadas las veces en las que me atrevo a hablar por los demás, pero quiero creer que, en esta ocasión, mi opinión podría compaginar y de cierta forma, empatizar con quien lea este ensayo…

            El 2022 ha sido un año en donde la palabra/adjetivo “complejo” se queda corta para describir. Fácilmente puedo dividir mi paso por los 244 días (hasta ahora) de esta vuelta al Sol en Parte #1: Del 1 de Enero al 30 de Abril, y Parte #2: Del 1 de Mayo hasta este momento…

            Con la excepción de un momento extraordinario en la Parte #1, realmente no hay nada que pueda tomar de aprendizaje/retroalimentación y/o traer a la mesa para acompañar estas líneas…

            Pero eso me lleva de lleno a la Parte #2, en donde han habido momentos, cosas y situaciones que hasta la fecha estoy procesando, reconstruyendo, intentando tomar lo más reconfortante de algunas para aceptarlas, y con las que creo que ya no hay nada por hacer, cerrándolas por completo para seguir adelante, no sé si a la par del mundo, pero siempre intentando mantener el paso…

            La Parte #2 de este año ha removido muchas cosas que creía sanadas, que en las primeras semanas de Mayo me tumbaron por completo emocional y mentalmente hablando, pero, incluso dentro de mi “apagón”, el saber que estábamos a días de escuchar un disco de color amarillo que (sin saberlo en ese momento al 100%) iba a traer a la/mi mesa herramientas para comenzar a sanar, me obligó (en el buen sentido del verbo y al menos, comenzar a hacer el intento) a no desconectarme del mundo por completo…

            La primera escucha del Giallo la terminé llorando a más no poder, sin embargo, no sentía dolor, en mi mente no llegó la memoria inmediata de que alguien me había lastimado más de lo que ya lo había hecho algunos años atrás, y de nuevo, a principios del mes de la discordia de este 2022…

            No había pena, no había culpa ni un malestar mayor al que ya tenía conmigo…

            Lloraba por la catarsis que acababa de experimentar, porque José había expresado en 13 canciones toda la vorágine de cosas que han sido mi vida desde el 2014 a la fecha, y me reventaron de nuevo en la cara en pleno Mayo …

            En estos meses, constantemente me he tenido que repetir que ya no soy la persona que era hace ocho años, y que, confirmando la teoría de Don Lev, a pasos de tortuga, he ido aprendiendo a aprender sobre lo que es realmente la vida, que sobra decir que es algo totalmente ajeno al domo de cristal en el que alguna vez estuve encerrada…

            Pero al mismo tiempo, he escuchado mucho sobre como el dolor es un camino de dos vías: por un lado (creo), hay una carretera que te lleva a un lugar en donde esa sensación te consume, y el camino que (tardíamente) decidí elegir: hacer del dolor emocional un impulso para volver a ponerme en pie, no para regresar a la persona que era hasta Abril de este año, y si tratar de tomar lo reconfortante dentro de todo lo malo para salir de ese bache siendo una mejor versión de quien era previo a…

            Una de las muchas cosas que está representando Giallo en mí es eso: hacer del malestar y el dolor emocional el impulso para reconstruirme por enésima vez…

            También en este tiempo he escuchado mucho sobre el cómo, para ser felices, lo mejor que podemos hacer es acompañarnos siempre de aquello que nos causa alegría, y si bien estoy muy de acuerdo con lo segundo, difiero totalmente de lo primero…

            El que nos vendan la “felicidad” como la máxima meta en la vida, ha sido la causante de la infelicidad y miseria de la mayoría de la raza humana…

            “No esperemos que todo mejore, esperemos no vaya a empeorar” es la frase que he tomado como mantra para continuar y concluir de la manera menos lastimosa posible mi transitar por este año…

            Cosas, música, situaciones y personas que me causen tranquilidad y bienestar, no felicidad…

            Y por fin estoy llegando al punto principal de este ensayo (no me encanta esto de darle muchas vueltas al asunto, pero consideré necesario el contexto)…

            Hace tres años Psalmos llegó en un momento de mi vida en el que me encontraba MUY enojada, más que con otros, conmigo misma… Y con el disco azul aprendí algo que cada día entiendo un poco más: un proceso de duelo (identificado y tratado/llevado oportunamente, entendiendo que cuando existen contextos que lo llevan a lo patológico, esto se vuelve una conversación distinta y aparte) no siempre significa el fin del malestar emocional, pero si puede ser el inicio para sanar las cicatrices subsecuentes del mismo…

            Citando a Albert Camus “en lo más profundo del invierno, finalmente aprendí que dentro de mí se encuentra un invencible verano”…

            Y del azul, al amarillo pasamos…

            Del Psalmos al Giallo, hoy puedo reconocer que es válido volver a comenzar y reconstruirse cuantas veces sean necesarias, porque en cada ocasión que así suceda, está presente la oportunidad de ser una mejor versión de quien soy hoy día…

            A José le he aprendido (y le sigo aprendiendo) que no hay nada, pero NADA de malo en permitirme sentirme vulnerable, en tomar una vía/herramienta que me ayude a expresar lo que siento cuando no me siento al 100%, cercana al 62%...

            Hoy como nunca, entiendo a que se refiere cuando dice que “la única forma de salir del infierno es caminando por él”, lo que me ha llevado a aprender por mi cuenta que, a su manera, el fuego purifica y también ayuda a sanar heridas…

            Cerati canta que “del mismo dolor, vendrá un nuevo amanecer”, y en mi caso, el Giallo está siendo también la posibilidad de hacer paz con la persona que alguna vez fui, que hizo lo que pudo con lo que tenía a su alcance en esos momentos, y que increíblemente, ha ido atravesando a su manera, el infiero que alguna vez le aterrorizó…

            Cosas, situaciones, música y personas…

            Los últimos años de mi vida han sido de ver la vida bajo nuevas perspectivas y generando nuevos aprendizajes por medio de estas, con la fortuna de estar siempre acompañada de las canciones tristes de José, canciones que consuelan, acompañan y sanan aquello que seguimos llevando entre nosotros, pero, con muchísima menos carga, peso y dolor que el que alguna vez tuve y tuvimos…

            Y también, estos años nos y me han brindado la oportunidad de conocer un poco de los pensamientos, sentimientos y emociones que José nos va compartiendo con esas canciones tristes que tanto nos/me gustan, nos ha permitido empatizar y hacer de quienes le seguimos, una unión en la que ya somos más de un millón…

            Y los que se van a seguir acumulando a lo largo del tiempo…

            Erik Erikson diría que, de forma muy lenta, pero segura (quiero pensar) estoy transitando entre la quinta y sexta etapa de su teoría…

            Lev Vygotsky dice que a través de otros nos convertimos en nosotros mismos…

            Y hoy, con un disco amarillo que me está ayudando mucho en el transitar del resto de este año, puedo decir también que, gracias a José, en todo este tiempo he ido forjando una versión de mí misma con la que poco a poco, puedo seguir caminando (por fin) en paz por esto llamado vida…

            Claro, con sus canciones tristes como mi soundtrack… 😉

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