Saltando entre las líneas (imaginarias, más no divisorias) del amor propio y el amor hacia/a otros…

    

             En esta ocasión, “A Tu Merced” me lleva a hablar sobre el amor propio, ese monstruo gigantesco y aterrador al que tratamos de enfrentar todos los días… Algunas veces, sin ser completamente exitosos, y otras, sintiéndonos contentos, más nunca (lamentablemente) satisfechos…

            Construir y mantener amor propio probablemente sea una de las tareas y/o misiones más complicadas de este laberinto llamado vida… Diariamente somos bombardeados con estándares irreales y prácticamente imposibles de alcanzar, con mensajes que hablan del cómo ser (o parecer) seres humanos genuinos, felices y completos, pero que son emitidos en formas que emulan más a lo que conocemos como “positividad tóxica” …

            Por muchos momentos, pareciera que solo vemos hacia una escalera cuya subida parece no tener fin… Y el estatus quo no ayuda a “alcanzar la meta” …

            Repetir el mismo ciclo de búsqueda y exploración todos los días de forma muy justa y normal nos lleva a sentirnos exhaustos y cansados… A considerar el “mantenernos en pie” como un acto cuasi milagroso y heroico, a pedir como favor que no se apaguen las luces por el temor a caer en la oscuridad de nuestros pensamientos/sentimientos más dolorosos…

            Y en nuestros intentos por cimentar un poco de aprecio hacia nosotros mismos, buscamos alternativas fuera de nuestras propias psiques…

Nos atrevemos a buscar ese amor en los demás, o dándolo hacia los otros… Siempre a la expectativa de conocer si ese sentir/accionar será correspondido en favor a nosotros, o al menos, nos ayudará a aminorar la sensación de malestar e incluso, vacío que se mantiene latente y listo para hacer de las suyas en forma de autodesprecio, autosabotaje y todo el auto que lleve a no tenernos el mínimo atisbo de autoestima y autoconcepto sanos…

Una de las frases más emblemáticas de la novela/película “Las Ventajas de ser Invisible” es: “aceptamos el amor que creemos merecer…” … O el que nuestra autoestima nos permite considerar que es válido y que queda con lo que somos (o creemos que somos) como personas…

Nos hacemos indispensables para los demás, haciéndonos a un lado a nosotros mismos… “Di mi nombre en tres, y estoy a tu merced…”, incluso cuando ese compromiso viene de una total y absoluta sinceridad, no siempre es apreciado ni valorado… Lo cual, irremediablemente nos lleva a repetir el círculo vicioso que va minando nuestra autoestima y los atisbos de amor que creemos tener para otros… Más nunca guardamos un poco para nosotros mismos…

Y eso me lleva al punto clave de toda la canción, esa frase tan concreta, demoledora y poderosa: “Quiero amar, no tengo con que…” …

No tengo por ningún lado algo que me permita decirme a mí mismo/a que me quiero, que me tengo aprecio y que me respeto tal y como soy porque todos los días intento y aprendo a ser una mejor versión de mí… Soy mi peor juez/a, y como no hallo en ninguna parte de mí lo primero, aunque tengo muchísimas ganas de… No tengo nada de amor puro, sincero y real que ofrecerte, ese del que tanto escuchamos hablar masivamente…

El amor no nace siendo para alguien o algo… Comienza siendo cimentado en uno mismo/a, es cierto que nuestra existencia no es un camino de rosas y arcoíris, pero es NUESTRA ruta: los tropezones, momentos dolorosos y felices, la luz y la oscuridad, los buenos y los malos forjan lo que somos, seremos y tenemos para ofrecer a y hacia los otros…

Las diferencias entre el amor propio y el amor hacia/a otros existen, más no como dos territorios con límites fijos… Caminamos, saltamos y nos movemos de uno a otro sin ningún problema, siempre y cuando el primero exista en todo ser humano…

RuPaul cierra cada uno de los episodios de su reality drag race con un: “si no te amas a ti mismo/a, ¿cómo diablos podrías amar a alguien más?” …

Y probablemente, ese sea el punto que José busque que hagamos consciente en cada uno de nosotros como escuchas de su música, de Giallo y particularmente, de esta canción…

Pero, como bien lo ha mencionado él, no es algo que se logre de un día para otro… La búsqueda y obtención de amor propio es un trayecto en el que van a sobrar desviaciones, veredas, trampas, retornos, caídas y todos los infortunios que a uno se le puedan ocurrir que sucedan mientras tomamos esa carretera…

Aún así, es un camino que NADIE va a tomar por nosotros, y que, por las metas que nos esperan, vale la pena recorrer…

 

 

 

 



 

REFERENCIA:

-          https://www.youtube.com/watch?v=gxB2IReEkTE

Comentarios

Entradas populares de este blog

El arte del kintsugi hecho persona…

Sentimientos parecidos, distintas formas de expresarlos…

El desamor es duro, pero amar lo es todavía más...