Rotos por dentro, pero de pie...


            “No hace falta que sepamos todo” es una frase que fácilmente podría ser tomada como un lema de vida, como algo que nos permita evitar y/o evadir el malestar y dolor emocional caudados por equis o ye razones en este largo camino que es nuestra existencia…

            Podríamos perder la cuenta de la cantidad de veces que hemos escondido nuestros momentos más dolorosos bajo una sonrisa o una expresión amable con el único fin de pertenecer socialmente, de no incomodar ni causar molestias a quienes nos rodean…

            Pero esconder y evadir el dolor poco a poco nos va llevando un abismo del cual muchas personas ya no pueden salir… Dejar de sentir, en ese acto de “fortaleza moral”, paradójicamente nos lleva a un lugar en donde simple y sencillamente la nada se vuelve una compañía permanente que nos hace incapaces de reconocernos a nosotros mismo como seres emocionales…

            Porque, ante todo, hay que “permanecer pensantes”, creemos erróneamente…

            Abrazamos a la nada para generar inmunidad al dolor, y la nada, a cambio nos entrega una constante sensación de cansancio, pesadumbre y en casos muy fuertes, malestares físicos… Porque sí, el dolor emocional mal o no tratado trae consigo dolor físico y enfermedades en sus umbrales más oscuros…

            Se nos enseña a no ver al dolor a los ojos, por miedo, por esa continua necesidad de ser (más bien, parecer) productivos y felices ante un mundo cada vez más voraz, por preocupación ante los cuestionamientos y los dedos juzgadores y señaladores de la gente…

            Hasta donde hemos llegado que incluso, nuestro dolor tenemos que vivirlo como los demás lo dictan, y no como nosotros lo vamos experimentando y sintiendo…

            Y es así, como el oro, nosotros mismo y todo lo que somos y necesitamos va perdiendo su valor…

            Nos trasladamos al gris, al rincón, a ser uno en mil y entre el montón…

            Pareciera que para el vox populi, lo anterior sea lo mejor que podamos hacer… Un lugar común puede ser muy tentador y una especie de hogar acogedor y cómodo. El hombro que sirve de apoyo para sostenernos… Y no hay nada más alejado de la realidad que ello…

            Previo a la presentación en el Auditorio Nacional, José dio una conferencia de prensa en donde, después de una pregunta, respondió con una frase que llamó mucho mi atención y puedo parafrasear más o menos así: “todos nos vamos de esta vida rotos” …

            Por querer saberlo todo, por negarnos a saber, pero todos dejamos este mundo con heridas, rasguños e incluso, corazones rotos… Y si bien, lo roto no puede volver a como estaba, siguen existiendo formas de reparar y repararnos a nosotros mismos, como sucede en el método de arte japonés conocido como “kintsugi”, técnica en la cual se arreglan fracturas de piezas de cerámica con barniz de resina espolvoreado o mezclado con polvo de oro, plata o platino…

            El kintsugi tiene como premisa el apreciar que incluso dentro de lo roto y las cicatrices, puede existir la belleza…

            Las cicatrices emocionales, más que un recuerdo agrio u obscuro, pueden comenzar a ser simbolizadas como como el hecho de que en algunos momentos determinados de nuestras vidas hemos tenido la valentía suficiente para enfrentar y confrontar al dolor, de que nos permitimos sentir en lugar de esconder todo debajo de una alfombra…

            Y trasladando la técnica hacia nosotros como raza humana, me gustaría pensar y dejar como base el cómo la reparación con ese barniz puede representar a nuestros seres queridos, las redes de apoyo que vamos creando y las cosas/situaciones/momentos que nos brindan tranquilidad… Todo lo que nos ayuda a reencontrar el valor en el oro…

            A volver a ponernos en pie, aún cuando estemos en pleno proceso de reconstrucción…

            Para quienes nos quieren y queremos, nuestro legado, poco o mucho, si tendrá un valor… Para ellas y ellos, si hemos hecho del mundo un lugar mejor…

            Y entre nuestras redes de apoyo y seres amados/especiales, existe el increíble hecho de ser aceptados aún y con nuestras fracturas y cicatrices, mismas que ven como una prueba fehaciente de que existimos y resistimos…

            Existir, vivir, experimentar, sentir, reconstruirte poco a poco en una mejor versión de ti mismo, resistir ante la tentación perenne de caer en los abismos y en los grises… Y repetimos todos los días, por aquellos a quienes queremos, vale la pena intentarlo diariamente, y vale la pena el permitirnos atravesar los tropiezos que llegamos y llegaremos a tener…

            Todos estamos rotos por dentro, pero permanecemos de pie…

            En ese punto donde la valentía/rebeldía y la vulnerabilidad se entrecruzan…

            Y nos hace enfrentar todo y a todos con un Cantar de Gesta…

 

 



 

            REFERENCIA:

-          https://www.youtube.com/watch?v=CTwIHE-4ZB4

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