¿Qué te quedará de mí cuando me vaya?
Confrontar a la muerte es un camino de muchas aristas y vertientes, en
el cual, quizá el rubro más complejo de todos sea el cómo deseamos ser
recordados, cómo creemos que nos ven los demás versus el cómo realmente se nos describirá
cuando la ausencia física en este mundo nos alcance…
Autoconcepto y
autoestima son dos términos semejantes, más no iguales, que comúnmente suelen
ser confundidos, aunque es importante mencionar que, como el ying-yang, no hay
uno sin el otro…
Hablar de autoconcepto
implica hacer un profundo análisis de reflexión y autocrítica de quienes somos,
como nos mostramos hacia la gente, que cualidades y áreas de oportunidad tenemos…
Nuestra definición y descripción de nosotros mismos nos lleva a crear los
esquemas cognitivos y de pensamiento que fomentan las bases de nuestra autoestima.
Los hilos conductores están ahí, pero, en muchas ocasiones, por los constructos
sociales que nos rodean (muchos de ellos erróneos), toman caminos separados…
El ser humano es un ser
biopsicosocial, en eterno aprendizaje y en constante cambio. La mayoría ya no
somos las personas que en algún momento consideramos nuestra “versión final” …
En el trayecto de nuestras vidas maduramos, crecemos emocionalmente y,
dependiendo de las situaciones que nos tocan enfrentar, nos reconstruimos para
volver a un estado de equilibrio…
Vemos como “la meta a
lograr” el ser una persona “de bien”, pero… ¿Qué es una persona de bien entre tantos
criterios, opiniones y subjetividades? Hay quienes ven como poco el hacer las
cosas por y para uno mismo/a sin afectar a los demás, hay quienes consideran a
la filantropía y/o el altruismo el epítome de la bondad humana… Entre tanto, a
estas alturas, difícilmente lograremos llegar a un común acuerdo para definir
un concepto promedio y general de una “persona de bien” …
Y por más que podamos
mover cielo, mar y tierra para remarcar lo que se considera “buena persona”, la
raza humana tiene una extraña fijación por recordar únicamente los errores que
cometimos/cometemos…
Los tiempos modernos
han ido reforzando el ver absolutamente todo bajo un lente negativo y oscuro… Que
nuestras aportaciones, contribución y simplemente, el día a día no valen nada…
Hasta que llega la muerte. Increíblemente, pasamos la meta a la que nunca
llegamos en vida: ser LA persona de bien… ¿Por qué esperamos siempre hasta ese
punto para darnos la oportunidad de ver que sin necesidad de hacer cosas más
allá de lo extraordinario (en vista general), nuestros seres queridos y todo
ser humano deja una huella imborrable entre quienes nos quedamos en este
planeta?
El ver que por más que
se intenta reaprender, mejorar como personas, crecer emocionalmente, el que una
opinión general se mantenga sin el mínimo atisbo de modificación puede llegar a
permear de una forma tan negativa en nuestro autoconcepto y autoestima, que de
forma muy justa, tomamos la decisión consciente de tirar la toalla dentro de se
proceso de cambio, para encerrarnos en nuestro mundo y no permitir la entrada a
nada y a nadie más…
Las pocas personas que
se quedan a nuestro lado, con todas y cada una de las sombras y luces que
tenemos, son las que realmente ven quienes somos, son aquellas que nos ayudan a
no dejar en ceros nuestras percepciones sobre nosotros mismos, y nos apoyan
para reconectar los hilos que en algún momento crítico y/o doloroso se
perdieron…
Mientras escucho a José
cantando “Nadie Más Vendrá”, a mi mente vienen el sin fin de veces que se ha
escuchado hablar mal de él… Mientras que, de igual forma, me traslado de nuevo
a ese momento de Noviembre de 2018 en donde, con una acción tan sencilla, mi
mundo y mi vida volvieron a ser de colores después de un periodo de oscuridad
al que no le veía fin…
Todos los días, José me
enseña la importancia de darnos el tiempo de conocer a quienes nos rodean, de
darles la oportunidad de que sean ellos/ellas quienes hablen por sí mismos
sobre lo que son, y evitemos dejarnos llevar por los “se dice”, “parece ser” y “creo
que”, que al final de cuentas, no son más que habladurías vacías, para no
llamarlos chismes…
Manuel Mijares canta en
“Cuando Me Vaya” la pregunta que da título a este ensayo, misma que nos podemos
plantear a nosotros mismos: ¿Qué quedará de nosotros hacia quienes queremos
cuando ya no estemos aquí? Y aunque esa pregunta nunca llegar a tener una
respuesta concreta, sigo creyendo - ingenuamente quizá -, que entre todos,
podemos ayudarnos a construir y reconstruir nuestros autoconceptos y
autoestima, con el fin de volver a conectar y unir los hilos de los que se
habló al inicio de este escrito…
También, es importante
mencionar de nueva cuenta que, el escuchar hablar de la muerte no debería ser
motivo de ansiedad, tensión y reticencias… En mi caso, me gustaría tomar estas
oportunidades que nos está dando José de contemplar a la misma con valentía y
sabiduría, como el punto de partida para reflexionar sobre el que estoy haciendo
y dejando a quienes me conocen y me rodean, que estoy haciendo por y para mí,
que puedo hacer para (valga la redundancia) hacer del tiempo que me queda lo
más tranquilo, pacífico y… Si, feliz posible…
Mientras yo estoy en
eso, creo que sobra decir que José ha hecho de mi paso y del paso de muchos en
este mundo LA causa por la que todos los días tenemos una sonrisa, y nos sentimos
con la capacidad de enfrentar cada día…
La isla en este mar de
muchos, y de mí…
REFERENCIAS:
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