Pláticas con la muerte...

 

    Muerte, ¿qué hay ahí para mí? La pregunta que entre tiempos “muertos” (paradójico) nos llegamos a hacer, pero, que de inmediato volvemos a ignorar porque “que incómodo es hablar sobre ello” …

            Siendo un país que tiene una festividad exclusiva a sus difuntos, resulta hasta inverosímil que el tema “muerte” continúe siendo un tópico que se maneja con tanta discrecionalidad entre nosotros…

            “No hables de eso”, “falta mucho para que pase”, “vas a incomodar/molestar a quienes te escuchen” … Como siempre, volvemos a la espiral en donde los otros, y nosotros, como sociedad misma, nos apegamos de facto al “pensamiento promedio” …

            Incluso, cuando esa acompañante perenne nos visita de forma directa e indirecta, de muchas formas, continuamos actuando y comportándonos para los demás y para nuestro ego. Es factible y creíble que existen personas con empatía, calidez, compasión y humanidad que hacen más llevadero el dolor, pero, lamentablemente, siguen siendo los más quienes no pueden dejar a un lado sus dedos y voces acusadores/prejuzgantes hacia nuestras maneras de intentar convivir con la muerte…

            Teóricamente hablando, el proceso de duelo menciona a la aceptación/resignación como la última etapa a vivir del mismo… Pero, creo que, en nuestra cultura, esos dos aspectos están muy mal interpretados…

            Usualmente creemos que el aceptar y resignarnos, tiene y DEBE contar con una connotación negativa… Cuando en realidad, si nos permitiéramos “abrazar” a la muerte y ¿por qué no?, darnos la oportunidad de conversar con ella diariamente, podríamos tomar ese último paso como una reestructuración de nuestro sentir ante la pérdida de un ser amado, y posteriormente, nuestro continuar en este viaje llamado vida…

            Hablando a nivel individual y personal, soy una persona que en los últimos ocho años vio como su familia se desmoronó, vio morir a su abuelo materno, a una de sus tías y a una prima del mismo lado familiar… Cuatro procesos de duelo. Los primeros tres, fueron de enojo y rabia absolutos con la muerte y con la vida, algo que bien pudo continuar igual hasta Agosto del 2019, cuando Marisol murió, y por primera vez, me di la oportunidad de observar a la muerte más como posible compañía positiva, que como enemiga…

            Marisol padeció de un cáncer muy agresivo de 2015 hasta su fallecimiento en 2019. Pasó por todos los umbrales de dolor habidos y por haber, en ese transitar tuvo a una hija – la única explicación a ello es un milagro – y formó a una familia… No puedo, ni debo de hablar por ella, pero hoy, con unos años de perspectiva después, puedo entender que más que maldecir y temer a la muerte, tuvo la valentía suficiente para convivir con ella, pidiéndole como único favor el permitirle disfrutar a su hija un poco de tiempo. Sobra decir que, a su manera, hicieron un trato…

            Cuando Mari murió, TODO estaba preparado y en orden. Mi tía – su madre -, y nosotros como familia, nos encontramos con el hecho de que ella ya había estructurado y planificado todo lo que deseaba para ese momento… Hizo de la muerte una amistad que le acompañó en paz, serenidad, fortaleza y dignidad… Estuvo rodeada de los suyos, hizo lo que quiso con sus servicios funerarios, y a mí… A mí me dejó una lección gigantesca de humildad: esto no es sobre mí como “doliente”, sino de como ella hizo del temor de muchos, una fortaleza para incluso, en su ausencia física, cuidar de nuestro estado emocional en esos momentos…

            Creo que, si le diéramos una oportunidad a la muerte de convivir abiertamente con nosotros, nos aconsejaría sabiamente sobre ello… El hacer menos doloroso y mucho más llevadero un proceso de duelo para nuestros seres amados, el contemplarla como la única parte certera de nuestras existencias y por fin, poder abrazarla como la amiga genuina e incondicional que es…

            “La Herida” me suena a eso, una plática gentil, cálida y humana con la muerte… La conversación que muchos anhelan tener con un ser vivo, pero por distintas razones, terminamos escondiendo bajo las alfombras una y otra vez…

            Trato de entender a José cuando menciona que el “sonido Journey” de la canción existe más para “disfrazar” la oscuridad de la letra, pero a mi parecer, hace el clic y complemento perfecto a la candidez que debe tener la conversación honesta y cordial que todos deberíamos tener con la Sra. Muerte…

            Hay que contar con un grado de inteligencia emocional y madurez gigantescos para permitirnos el ser guiados a ciegas en un oscuro y roto hogar… Sobra decir que José es una de esas personas…

            Dame Sue Black (2018) menciona en “Todo lo que queda” que el tener “grietas” en la armadura no es una señal de debilidad, sino que, a menudo es un signo de humanidad…

            Que José mostrándonos esas grietas y su humanidad, sea la guía (en este caso, no a ciegas) para que nosotros podamos lograr recostar nuestras cabezas en señal de confianza y seguridad hacia el único camino al que todos vamos con franca seguridad…

 

REFERENCIAS:

-          Black, S. (2018). Todo lo que queda. Editorial Paídos.

-          https://www.youtube.com/watch?v=GC3HNP4mh0o

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