Una guerra dentro de mi cabeza...
Los trastornos del estado de ánimo (malamente) son tópicos complejos y
delicados de abordar, en los que muy fácilmente caemos en lugares comunes,
arenas movedizas y trampas que dan paso a la estigmatización y a una “empatía”
superficial, del papel más fino/cuidadoso que exista, y por cumplir los roles que
las sociedades van tomando con el pasar del tiempo. Queremos normalizar el
hablar de salud mental, pero cuando alguien se atreve a hacerlo, preferimos
sólo tocar el tema de forma superflua porque resulta “abrumante” escuchar sus
miedos, tristezas y situaciones que le generan tensión y ansiedad, porque “suficiente”
tenemos con nuestras vidas y nuestros problemas…
De acuerdo con el Dr.
Eric Kandel (2018), el estado de ánimo del ser humano suele ser algo pasajero.
Cuando se convierte en algo fijo y prevalece con el tiempo, se convierte en una
actitud. Si hay alguna manera de ejemplificar lo anterior, el invierno es la
emoción, y la Sierra Madre es la actitud…
Hablar de los
trastornos del estado de ánimo implica entender las alteraciones y “exageraciones”
del comportamiento humano, en el caso particular del trastorno de bipolaridad,
es observar como, quien vive día a día con esta enfermedad, transita entre
sintomatologías depresivas y conductas maníacas que conllevan euforia e
hiperactividad, que, de no ser tratados, alteran significativamente la vida
de quien es diagnosticado/a con este padecimiento…
La estigmatización
hacia las personas que cuentan con un diagnóstico de bipolaridad y/o de alguno
de los trastornos emocionales surge de la siguiente forma:
Somos seres emocionales
gracias a nuestro cerebro y sus neurotransmisores. Ese órgano, en su
increíblemente perfecta composición, estructura y funcionamiento regular, mide
y realiza un trabajo como el de un reloj en total funcionamiento y punto. Pero,
es importante mencionar que en la psique humana, cada cerebro es un reloj aparte, que en muchísimos casos, requiere de un “apoyo” extra para funcionar al 100%...
Sobra decir que lo peor
que le puedes decir a una persona con depresión transita entre los “¡échale
ganas!”, “no es para tanto”, “es cuestión de actitud”… Sucede algo muy similar
con el trastorno de bipolaridad, no se trata de que la persona “se comporte”,
de que “regule” sus actitudes y conductas con reprimendas, ni mucho menos, de
algún tipo de “debilidad” personal… Es ahí donde surge la maravilla llamada
tratamiento psicofarmacológico…
Contrario a lo que
algunos creen y quieren hacer creer, la Psicología y la Psiquiatría no están
peleadas la una con la otra. Quien escribe este ensayo, reconoce sus
limitaciones y considera que la segunda ciencia, compaginada correctamente con
la primera, son la llave maestra que puede ayudar a mejorar la calidad de vida
del paciente que sufre de algún trastorno del estado de ánimo…
El tratamiento
farmacológico beneficia directamente al cerebro y sus neurotransmisores,
logrando que el “reloj” se mantenga “estable” en su funcionar, pero también, es
necesario el proceso terapéutico, pues en éste, el paciente puede ser capaz de identificar las
“piezas” que no están corriendo en su totalidad, y, ser él/ella mismo/a quien también
participe activamente en su proceso de estabilidad y recuperación…
Aunado a ello, es
importante mencionar que el profesional de la salud mental tiene la oportunidad
de “romper” el rol que comúnmente hemos llegado a tomar en nuestras
trayectorias profesionales, en parte, por los estereotipos que los medios
masivos han brindado a la carrera…
Es cierto que el psicólogo/psicoterapeuta
cuenta con técnicas de intervención, orientación y acompañamiento hacia el
paciente, y que le corresponde ser la guía de quien acude a recibir la atención
y servicio… Pero, la autora de este ensayo recuerda sus años de estudiante y
practicante, y erróneamente, ve a una figura “mandona”/”sabelotodo”, repasa
esos momentos y siente que más que una vía de apoyo, llevaba a cabo algún tipo
de “representación” de una posible intervención, y no, no es motivo de orgullo
ni de aplausos…
Con los años, comenzó a
escuchar sobre el “validar la experiencia del paciente”, con el cómo lleva
él/ella su padecimiento/diagnóstico… Si, yo tengo las “herramientas” teóricas y
prácticas, pero tu, paciente, tienes TU vivencia con lo que sufres y vives en
el día a día… Así como yo puedo ser esa “guía” en tu proceso de terapia, tu
eres mi faro en el transitar de ese camino… Requiero de ti para saber cual será
la mejor forma para ayudarte…
En “Cerraron Chipinque”,
José canta el transitar de las emociones y pensamientos de la persona con
trastorno bipolar… No quiero sentir nada, pero esta conversación esta yendo al
punto del melodrama, quisiera que me vieras de una “buena” forma, pero te
admito que soy un sinvergüenza, es más, soy peor… Del cero al 100 en cuestión
de momentos, y viceversa… A nosotros, nos toca aprender, comprender y
acompañar/apoyar a quienes padecen de algún trastorno emocional y/o del estado
de ánimo…
A la Psicología y Psiquiatría,
les corresponde seguir trabajando en conjunto para pulir y mejorar los
tratamientos psicofarmacológicos que beneficien a estos pacientes, y a todos quienes
requieren los servicios de salud mental, ofreciendo también a la persona que
acude a ellos, la posibilidad de ser un partícipe activo de su mejora
emocional, como dueño/a absoluto/a de su vida y bienestar…
En conjunto, es posible
lograr que la emoción se vuelva un verano, y la Sierra Madre pase del gris al Giallo…
Las emociones son parte
de nuestro diseño, canta Marina Diamandis en “Highly Emotional People”. No
sentir NO es la solución, si vamos a tener conversaciones, que sean en pro de
nuestra salud mental, y que, por ende, poco a poco todo vuelva a jugar a nuestro
favor…
REFERENCIAS:
Kandel, E. (2018). La Nueva Biología de la Mente. Editorial Paídos,
España. https://www.youtube.com/watch?v=rjRelBT91cw
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