Existimos mientras alguien nos recuerda...

    Hablar de la muerte nunca resulta algo sencillo. Para algunos, puede parecer paradójico dado que este es el único paso asegurado en este camino repleto de altos y bajos denominado vida, pero para otros, resulta un tema complejo y ambiguo, en donde quizá, lo estremecedor y lo que se busca evitar a toda costa es el afrontamiento directo de despedir físicamente a algún ser amado antes que uno/a mismo/a, aunado al dolor emocional de saber que no volveremos a verle…

            Cuando se pierde a alguien que queremos, las preguntas inmediatas que surgen suelen enfocarse hacia dos principios cruciales: “¿qué sigue? y, ¿cómo ver hacia adelante después de…?”. No ves motivación, en los alrededores no hay nada más que negro y dolor. Nuestra existencia se vuelve un trío de puntos suspensivos que se vislumbran perpetuos, aunque, traicioneramente, la vida nos exige continuar cuales máquinas de engrane que se rehúsan a parar, pese a estar a punto de reventar…

            El transcurrir de un proceso de duelo - considerando la delgada línea entre lo que la teoría expone como “normal” y el extremo que llega a lo patológico -, nos hace buscar como medidas de supervivencia situaciones, momentos, recuerdos y memorias que se convierten en los salvavidas que alimentan nuestras almas y nos hacen sentir mejor, por más breve que sea ese instante de bienestar o tranquilidad, como se le quiera llamar…

            “Lo único que no muere es el amor”, canta Marina Diamandis en “Immortal”. Todas nuestras relaciones interpersonales se conciben, construyen, alimentan y mantienen del amor, de la pureza que constituye esta emoción y de los sentimientos derivados de… La confianza, intimidad, pasión, bondad, compasión y muchas más bases subsecuentes que trae consigo y que llevaría demasiado tiempo enlistar explícitamente…

            Para quienes han perdido a algún ser amado, resulta inevitable crear momentos que sólo se manifiestan en sus psiques, en donde vuelven a encontrarse con esa persona… Ensoñaciones, sueños vívidos, lúcidos y manifiestos en donde encuentran el acompañamiento y el consuelo que el terreno físico no da. El simple hecho de cerrar los ojos e imaginarse de nuevo con él o ella, el mirar al cielo y saber que, de alguna manera, va contigo a donde quiera que vayas. El lazo afectivo sigue existiendo aún después de la muerte…

            Al escuchar “Invócame” la primera idea de quien escribe este ensayo concibe a José como la persona que ha “fallecido” y que, le canta al doliente como alivio y aliento para aminorar su dolor y sufrimiento…

            Por más cliché que se lea, en alguna parte de nosotros, sabemos que lo último que desean las personas queridas que ya no están en este mundo de forma física es vernos derrumbados, que si en sus manos estuviera, harían todo por aminorar nuestra tristeza y sensación de vacío… Y, quienes creemos en algún ser supremo y/o especie de divinidad, sabemos que, de una u otra manera, lo hacen. Siempre van junto a nosotros en mente y espíritu…

La autora de este ejercicio está no al cien, pero si un mucho segura de que José intentó representar ese acompañamiento dentro de la lírica de “Invócame” y que, quienes escuchen esta canción, encontrarán un abrazo cálido, empático y amoroso de parte de esas personas amadas que caminan junto a nosotros en todo momento…

Dentro del libro “La Sombra del Viento”, Carlos Ruiz Zafón escribe que “existimos mientras alguien nos recuerda”. Quien redacta, considera también que en “Invócame”, José toma y hace suya esa frase. Nunca abandonamos este mundo enteramente. Nuestra esencia, nuestras memorias y muestras de amor permanecen en todo momento.

Si en este instante te encuentras atravesando un proceso de duelo, te abrazo y te acompaño, y deseo que la nueva canción de José sea ese susurro al alma que te ayude a sanar con el paso del tiempo. Nunca vamos solos…

NOTA: La intención con este blog JAMÁS será el sustituir la atención y ayuda que un especialista en Salud Mental pueda ofrecerte. Si consideras que necesitas de ello, no dudes en acudir a. Sanar nuestro dolor también es un acto de amor hacia quienes ya no se encuentran entre nosotros en forma física.

            NOTA ESPECIAL: El ensayo de esta ocasión es en honor a la memoria del Mtro. José Manuel Quintanilla Treviño - Q. E. P. D. -

            REFERENCIAS:

-                  Portal web “You Tube”. (2014). Vídeo musical: “Immortal”. Recuperado de https://www.youtube.com/watch?v=dYGKxxTXqSs

-                  Portal web “You Tube”. (2021). Vídeo musical: “Invócame”. Recuperado de https://www.youtube.com/watch?v=2zf5Tc9UxUk

-                  Ruiz-Zafón, C. (2001). La Sombra del Viento. Barcelona, España: Editorial Planeta

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