Bailando soloh/solah en la oscuridad 🎶…

 

            Inevitable leer el título de hoy sin cantarlo, gran canción de Los Bunkers…

            Cuando lo único que nos queda para aligerar el sentimiento de vacío es una noche de jarra, peda, baile, como se le llame en la región de quién esté leyendo esto…

            Porque al día siguiente, los fantasmas que visitamos la noche anterior y las nubes que anteceden a la tormenta vuelven a aparecer…

            La ansiedad de saber que ponerte, de peinarte, y en el caso particular de quien así lo decida y haga, maquillarse para intentar lucir un poco mejor, el temor siempre presente de no creernos suficiente como para ser el centro de atención al lugar que vayamos…

            La automotivación de considerar que, dentro de todo, no te ves tan mal…

             Y que, independientemente del resultado, una noche de fiesta te quitará, por un momento, todo aquello que te altera y te causa malestar y dolor emocional…

            Lamentablemente, todo eso vuelve cuando sale el sol…

            Aunque, en la fiesta, eso es lo último que nos importa (al menos momentáneamente)…

            Adrenalina que nos hace arder (no de manera literal), pero un lóbulo frontal que inconscientemente nos recuerda que todo a nuestro alrededor, incluso este momento alegre y sin preocupaciones, es pasajero…

            Pareciese increíble que algo tan banal como una noche libre, por momentos determinados, más que un juego de seducciones, se convierte en un juego y duelo de poderes, en donde, inevitablemente, solo hay un (o una) triunfador(a)…

            Recordatorio, a veces amable, pero en la mayoría de las ocasiones, doloroso y amargo, de que en este mundo y en esta vida, no tenemos a nadie más que a nosotras y nosotros mismos…

            Lo irónico que se lee lo anterior cuando diariamente habitamos en espacios llenos de gente…

            Cuando una y otra vez se nos invita a pensar en colectivo, pero las acciones y los hechos gritan un individualismo que nos termina dejando en una especie de purgatorio emocional…

            El estar solo/sola es todo lo que somos…

            Todo momento de convivencia que implique el coincidir, convivir y congeniar con grupos de personas, irremediablemente nos pone a la defensiva, no estamos dispuestos/dispuestas a ceder en nuestros principios y convicciones, ni siquiera por aquella persona que nos cause algún tipo de interés que vaya más allá de la convivencia amistosa (no de amistades con derechos, hay que aclarar)…

            Aún me sigo preguntando en que momento este mundo y esta vida se volvió una guerra y duelos de egos permanente…

            Veo la sangre y respiro hondo, al ver la sangre me hago un lobo…

            La supervivencia del más fuerte, o de aquel o aquella que tenga más dominado el arte de sobrevivir a todo lo que trae consigo una noche de fiesta…

            Con el pequeño GRAN problema de, en todo momento, tratar de entendernos los unos a los otros en los variados y cambiantes conceptos de fortaleza…

            Que, en mi particular punto de vista, he ido descubriendo mientras, he ido aprendiendo a bailar al ritmo del dolor…

            Probablemente el mensaje oculto aquí sea el no soltar a nuestras sombras y esqueletos (figurativamente hablando, claro está), las únicas que nos protegen, aun cuando nuestros alrededores están llenos de luces…

            Quizá lo anterior no tenga nada que ver con los casi cuatro minutos que dura “Baila Conmigo”…

            El único que nos pudiera sacar de la duda es José…

            Total, aquí el ES la ley… ;)

Comentarios

Entradas populares de este blog

El arte del kintsugi hecho persona…

Sentimientos parecidos, distintas formas de expresarlos…

El desamor es duro, pero amar lo es todavía más...